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Esta es mi soledad, verme rodeado de eventos desafortunados || Libre

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Esta es mi soledad, verme rodeado de eventos desafortunados || Libre

Mensaje por James Howe el Vie Mar 08, 2013 2:00 pm

Una gran estructura se alzaba impetuosa. El estilo gótico aún se alcanzaba a percibir en la vejez de sus rasgos destrozados por el tiempo. Solo vestigios de su magnificencia es lo que se podía ver en los vitrales astillados, algunos, incluso habían perdido sus delicados trazos, pero, ninguno se hallaba roto. Eran, sin duda alguna de calidad excelente. Seguramente los artesanos de ese tiempo se habían esmerado al fabricarlos, con aquellos tocados dorados de oro puro extraído de las minas más profundas que el hombre había encontrado –hasta ese momento–, que centelleaban a la luz de la luna cuales estrellas tintineantes en el vasto cielo; y los diseños representaban a la más antigua de las creencias. En el ala derecha, claramente se vislumbraban a los ángeles en batalla, unidos bajo un mismo propósito, eliminar a los demonios. A lo lejos –en el mismo vitral– un hombre observaba todo, también poseía un propósito, podía vérsele en la determinación de su mirada y la rigidez de sus hombros.

Un vitral retumbó sonoramente, los ángeles parecían seguir librando la lucha después de tantos años. El sonido se propagó en el resto de los cristales coloridos, que mostraban la secuencia de la guerra entre el bien y el mal. Uno de ellos –el final– que declaraba la victoria a favor del…, mal. Si se creía que el bien siempre triunfa, se está tan equivocado es como decir que la luna siempre saldrá al anochecer, podría pasar que incluso la hora delatara el anochecer no es más que la llegada de un día nuevo y el sol estuviera surcando los cielos. Como sea, siguiendo la historia anterior, el vitral que constataba la victoria del mal contra el bien sufrió una grieta que corrió rápidamente a lo largo de toda la vistosa pintura. Un rugido sobresalió de entre la estructura y los vitrales volvieron a retumbar gloriosos.

Una mirada se elevó al cielo, encontrando aquella bóveda oscura llena de nubes ennegrecidas daba la impresión de que un puñado de algodón hubiera sido pasado por hollín. Espesas nubes se conglomeraron a los alrededores delatando a la lluvia que estaba por caer fuera de temporada en un frío día de invierno; después una luz amarilla trazó el cielo con rapidez y furia en un febril zigzag, podría ser él quien emitiera esos rugidos, jah, jah…, improbable. Un parpadeo y miles de luces aparecieron cual fuegos pirotécnicos. Se perseguían unos a otros en una danza sinfín como víboras que trepaban, se enroscaban y continuaban con su camino, inquietas; lanzaban alaridos, ladraban y rugían en una marea de rabia. ¿Qué es lo que anunciaban? Simple, la llegada de la lluvia y al parecer, muy dinámica y violenta.

El joven jardinero desvió su mirar en ese cielo del que la primera gota cristalina se desprendió. Inmediatamente se resguardó en la vieja estructura, si bien la lluvia apenas comenzaba, se notaba por los truenos y relámpagos que sería un derrame de llanto incesante y nada silencioso. Por lo tanto, encontrar un mejor lugar donde poder pasar un par de horas sin terminar chorreando era la mejor idea que podría ocurrírsele a cualquiera. Y aún cuando James no era el tipo inteligente que se tiene aspecto de sabio de antaño y dominando las viejas enseñanzas ocultas, sí que sabía del tiempo, lo que le quedaba por hacer era entrar en esa ruina. Ahora es cuando se reprochaba el hecho de haber ido hasta allí. Desde en la mañana había planeado una noche junto al invernadero, leyendo un buen libro y tomando un amargo café. Pero no, el muy listo decidió a último momento darse el lujo de pasear. "He aquí las consecuencias" suspiró "Venga, que no es para tanto. No exageres, al mal tiempo buena cara, un suspiro más y dejó que su cuerpo resbalara por la pared hasta quedar sentado. Sí que le esperaba un largo tiempo donde quizá -por no decir que era totalmente cierto- tendría frío.
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Re: Esta es mi soledad, verme rodeado de eventos desafortunados || Libre

Mensaje por Annabelle Van Baumgärter el Miér Mar 13, 2013 12:31 pm

Miró al cielo por tercera vez en los últimos cinco minutos, como si tuviese la esperanza de que este cambiase o de que de pronto el augurio de tormenta que la naturaleza profesaba, desapareciera. El cielo estaba encapotado de nubes grises y oscuras y si aún era de día, el mismo clima tempestuoso había opacado la claridad oscureciendo todo a su alrededor dando la impresión de que de pronto las manecillas del reloj hubieran girado tan rápido deteniéndose para marcar un par de horas más tarde.

Había salido de los muros que la encerraban en St. Edward’s con la esperanza de encontrar algo hermoso a sus alrededores, haciendo lo que solía hacer en cualquier lugar, fuera su hogar o no; la pelirroja tenía la manía de caminar sin rumbo a través de la nada encontrando imágenes ocultas y misteriosas escondidas en medio de la naturaleza y si algo tenía que reconocer de aquél mundano rincón en el planeta, era la belleza que rebosaba por todos lados, crepúsculos detrás de un árbol, bosques llenos de magia (y no de esa magia que escuchaba a muchos hablar), incluso las rocas parecían diferentes, como si todo hubiera sido colocado cuidadosamente para generar una hermosa composición, esperando sólo que alguien la descubriera.

El cielo retumbó una vez más, las nubes chocaron entre sí con furia y la chica se sobresaltó. Volvió a mirar al firmamento impenetrable, ajustó una vez más su cámara fotográfica buscando el enfoque y la distancia perfecta… esperó y cuando un rayó atravesó sin miramientos la bóveda oscura disparó su cámara capturando aquel momento con una sonrisa lisonjera en sus labios, como una niña que acaba de hacer una travesura que ha salido realmente bien. Sería feliz sola rodeada sólo de la naturaleza, se dijo en un afán soñador, había leído tanto sobre fotógrafos que dedicaban su vida a ello y si tan sólo ella fuera libre probablemente elegiría una vida así, en todo caso las personas que había conocido hasta ahora (salvo unas poca, no iba a generalizar) le habían demostrado que vivir en sociedad era una farsa, porque ese mundo estaba lleno de gente con el alma podrida, la historia había demostrado como se habían matado unos a otros por trozos de tierra, por cosas tan banales y superficiales, que daba pena pertenecer a la raza humana.

Un nuevo rugido que hizo retumbar la tierra, la sacó de sus pensamientos y le advirtió que era hora de irse antes de que la tormenta empezara. Resguardó su cámara asegurándose de que si empezaba a llover en cualquier momento no se dañara, todo buen fotógrafo tenía que estar preparado para cualquier contratiempo, se dijo con orgullo; apresuró sus pasos por el camino que la llevaría de vuelta al colegio pero antes de que pudiera llegar siquiera a la mitad del camino las gotas empezaron a caer, primero gruesas y dispersas, sin embargo en unos cuantos minutos ya caía un aguacero que la empapó de pies a cabeza, y la obligó a correr por el sendero dejando sus huellas marcadas en el barro que después eran borradas por la misma lluvia. Y, a través de la escasa visibilidad que la cortina de agua le permitía, divisó un edificio gigantesco, parecía en ruinas pero probablemente podría quedarse allí hasta que la lluvia cesara un poco. Se apresuró al lugar y entró con cuidado esperando no estar haciendo algo prohibido o entrando en un lugar que podría venirse abajo en cualquier momento.
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Annabelle Van Baumgärter

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